DISCURSO LAS VOCES DE UN NUEVO MUNDO: GEOPOLÍTICA DIGITAL.



Palabras de Gustavo Villapol – Foro Voces del Nuevo Mundo

Vivimos en un mundo donde ya no solo se usa a la Gestapo para imponer silencio, ni un campo de concentración para disciplinar cuerpos. Hoy basta con un clic, una omisión en la línea de tiempo, una censura digital  disfrazada de neutralidad algorítmica. La censura se ha sofisticado: ahora no viene con uniforme militar, viene con logo de emprendimiento o empresa tecnológica y manual de usuario. La hegemonía del imperialismo occidental ya no solo bombardea ciudades; ahora bombardea memorias, emociones y sueños.

Para entender cómo llegamos a este momento —donde los datos se venden como petróleo y las mentes se bombardean sin pólvora— hay que mirar cuatro claves que explican la tormenta perfecta que estamos atravesando: 

Primero, el conflicto en Ucrania, el genocidio en Palestina y la guerra de 12 días entre Irán y el sionismo israelí no son hechos aislados, sino síntomas terminales de un sistema internacional en crisis, que se desmorona mientras intenta sostener la hegemonía por la fuerza. 

Segundo, la pandemia de COVID-19 demostró que el modelo neoliberal no sirve ni para salvar vidas: el mercado no produce vacunas si no hay ganancia, y tampoco oxígeno si no hay dólares, cuando las principales orbes del mundo occidental fueron llevadas al límite por la pandemia, la respuesta fue el coplapso, no estaba el neoliberalismo preparado para salvar la vida, fueron, China, Rusia, Cuba, India, Venezuela, Nicaragua, quienes se transformaron en campeones de la solidaridad cuando los pueblos del mundo los necesitaron. 

Tercero, el capitalismo entró en una fase de crisis nuevamente, donde su única salida es reciclar el fascismo: se multiplican las desigualdades, crece el odio racial contra la madre Africa, Latinoamerica y Asia, el odio y la persecusión a los migrantes en Occidente, la incertidumbre y el malestar, y vuelven a desfilar los mismos demonios del Nazismo hoy reforzados por unos muy potentes algoritmos. 

Cuarto, la irrupción de la tecnologías digitales, lejos de emancipar, han sido convertidas en un arma de manipulación masiva: las redes sociales no nos conectan, nos controlan; y los algoritmos no nos recomiendan, nos domestican. Esta es la antesala del mundo que nos quieren imponer: un planeta donde la dominación no solo necesita tanques, necesita algoritmos.

Esto nos lleva a un concepto que desarrollo en mi último libro: la Geopolítica Digital. Ya no basta con entender el mundo solo desde la lógica de la geopolítica tradicional de tanques, tratados y territorios. Hoy el planeta también se disputa en servidores, cables submarinos y centros de datos. Hay tres niveles en esta nueva guerra global. El primero es la pugna por la dictadura del internet, donde se controla desde el acceso a los recursos naturales que hacen posible el hardware —litio, silicio, coltán— hasta el trazado de las redes digitales por donde fluye la información. El segundo nivel es la pugna por las mentes, donde el imperialismo del siglo XXI impone narrativas cotidianas a través de algoritmos que no solo condicionan lo que vemos, sino cómo sentimos y qué creemos. Es una guerra silenciosa que deja secuelas en la psique, la memoria y hasta en la química cerebral. Y el tercer nivel es la pugna por los datos, donde se mercantiliza la vida misma: nuestros recuerdos, hábitos, deseos, miedos y sueños se han convertido en materia prima de un nuevo modelo extractivista digital. Esta es la nueva cartografía del poder: ya no se libra solo por territorios físicos, sino por el control de nuestras conciencias.

Nos dijeron que internet era la autopista de la libertad, pero nunca nos contaron que el peaje lo cobra la OTAN y los grandes conglomerados tecnológicos son el embudo por donde pasan nuestras vidas. De las 15 principales plataformas sociales del planeta, 11 están alineadas con intereses militares occidentales. De los 15 servicios de alojamiento digital más grandes, 12 tienen sus servidores en territorio controlado por Estados Unidos o Europa occidental. Y si hablamos de nube, privacidad o mensajería, la conclusión es la misma: estamos nadando en un océano de control donde cada dato, cada suspiro en redes, es mercancía y munición.

Este no es un conflicto solo de cables y códigos. Es una guerra por nuestras mentes. Así lo confesó Sean Parker, cofundador de Facebook, sin siquiera pestañear: "Sabíamos que estábamos creando algo adictivo. Que explotaba vulnerabilidades de la psicología humana. Solo Dios sabe lo que le estamos haciendo al cerebro de nuestros hijos." Y lo hicieron con conocimiento de causa. Inventaron el botón “me gusta” como una dosis de dopamina. Un sistema de recompensa emocional diseñado para crear dependencia. No es casualidad que en 2024, nuestra capacidad de atención haya caído a 8 segundos. Ni un pez dorado aguanta tan poco.

Y en medio de este apagón cognitivo programado, Venezuela ha sido laboratorio de guerra. Nos sabotearon el sistema eléctrico y lo presentaron como un fallo técnico. Dijeron que un magnicidio era “presunto”, mientras justificaban el intento. Ofrecieron trabajo en el extranjero a nuestros jóvenes y terminaron secuestrando a nuestros niños y niñas robándolos de los brazos de sus madres. La “Operación Ayuda Humanitaria” fue un show mediático con drones y hashtags. CLS Strategies, pagada en Facebook, operó campañas de guerra sucia contra Cuba, Nicaragua y Venezuela, desde México. Y aún así, aquí estamos. Vivos. Comunicando. Resistiendo.

Porque esta Revolución no se mide solo en votos o fusiles. Se mide en mensajes y batallas comunicacionales que rompen el cerco, en palabras que se hacen pueblo, en plataformas que se construyen desde abajo, en identidades que se transforman en soberanía y se hacen indestructibles. Creamos VenApp, no para competir con Silicon Valley, sino para dejar claro que no vamos a aceptar que nos gobiernen desde un algoritmo escrito en inglés, creamos la plataforma Patria, la experiencia de Gobierno Digital y comunicación estatal más moderna de Latinoamérica. Hemos hecho de nuestras redes, de nuestros medios estatales, de nuestros medios alternativos y comunitarios, de nuestras paredes y asambleas populares, trincheras contra el olvido. Frente a la dictadura del algoritmo, hicimos pedagogía militante en Calles, redes, medios, paredes y radio bemba, que ya es nuestro método de lucha comunicacional, propuesto por nuestro líder Nicolás Maduro y hecho revolución en la calle.

Pero esta batalla no es solo de la Revolución Bolivariana. El Sur Global entero está siendo bombardeado por contenidos vacíos, por influencers con contrato, por viralizaciones que no educan sino que anestesian. ¿Cómo se defiende un niño africano del racismo algorítmico si TikTok le dice que un Lambordini es más importante que pensar? ¿Cómo nos convoca un joven palestino si sus mensajes desaparecen en el mar de la hiperinformación, al mismo tiempo que la novia de Cristiano Ronaldo nos muestra su estilo de vida? ¿Cómo se forma un militante en América Latina si Google borra su historia de luchas?

La respuesta es: conciencia, manejo de las plataformas y organización. Tenemos que pasar de ser consumidores pasivos a ser pueblos comunicadores. En Venezuela lo comprendimos desde el 2002. De ser rehenes del algoritmo, a ser programadores de conciencia. Ya no basta con resistir, hay que contraatacar. Desde el Sur proponemos una ofensiva comunicacional global que combine teoría crítica y acción concreta, pero bonito, tiene que ser hermoso, como lo es la revolución, con emoción, con alegría, que los relatos de los pueblos hagan palpitar los corazones de las nuevas generaciones. 

Primero: crear nuestras plataformas. No hay soberanía sin servidores propios, sin redes descentralizadas, sin inteligencia artificial entrenada con nuestros datos, nuestras lenguas, nuestros valores. Si China usa IA para su soberanía, ¿por qué no usarla nosotros para soberanía cultural?, pero solo juntos lo podemos lograr.

Segundo: alfabetización digital decolonial. Tenemos que enseñar que los algoritmos no son neutros, son traducciones de ideologías. Que la tecnología también coloniza. Y que quien no domina el código, termina dominado.

Tercero: guerra todo pueblo. Convertir cada espacio en campo de batalla cultural. Las calles, las redes, las paredes, los medios y la radio bemba. Desde el mural hasta la publicación, todo comunica. Y si todo comunica, entonces todo puede liberar. 

No es casualidad que el Foro Voces del Nuevo Mundo surja en medio del genocidio palestino, del conflicto entre Irán e Israel, de la implosión del sistema neoliberal. Es el momento histórico de organizar una Internacional Digital del Sur. Una red de redes para liberar nuestras mentes, nuestros cuerpos, nuestra historia.

Frente a esta dictadura algorítmica, solo hay dos caminos: o somos carne de cañón digital... o escribimos nuestros propios códigos.

Desde Venezuela, desde el Sur Global, ya hemos elegido:

No podemos dejar que nos colonicen el alma, debemos hacer la Revolución 


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